Por Matias Baldo
El combate entre el mendocino Gumersindo Carrasco (13-0-0; 12 KOs) y el juninense Juan Manuel Bonanni (13-1-2; 5 KOs) fue la pelea del año. Fue inolvidable, no solo por la entrega absoluta y emocionante de los dos púgiles arriba del ring sino también por los dos escándalos que se vivieron debajo del cuadrilatero: el primero, en el sexto round, tuvo como protagonista a un particular (sería el hermano de Carrasco) que ingresó en el ring cuando el boxeador mendocino había caído y estaba al borde del nocaut. El segundo ocurrió una vez finalizados los diez asaltos y tuvo como villanos a los tres jueces.
En la previa se esperaba una pelea abierta, entretenida y vibrante por el estilo de ambos boxeadores. Los dos querían mantener su condición de invicto a toda costa. Y no defraudaron... Desde el primer round se trenzaron en un in fighting que empezó en los primeros segundos del asalto inicial y terminó recién con la campanada del duodécimo.
En el primer asalto cayó Carrasco, en el segundo fue Bonanni quien besó la lona. El Auditorio Angel Bustelo estallaba cada vez que los boxeadores intercambiaban golpes. La pelea continuó siendo de alto voltaje, con un desarrollo incierto que en todo momento pareció rondar el nocaut.
En el sexto round ocurrió el primero de los dos acontecimientos bochornosos que mancharon la pelea del año: Carrasco, quien fue local en su Mendoza natal, sufrió un gran castigo y fue derribado por el boxeador juninense. El Pitbull no daba muestras de poder recuperarse de la golpiza sufrida y el nocaut estaba casi asegurado para el visitante, cuando de repente un intrépido y descarado particular (podría haber sido uno de los hermanos del atrevido boxeador mendocino) se subió al ring e interrumpió la cuenta del árbitro. Inexplicablemente no hubo intervención policial y la escaramuza en el cuadrilátero se agrandó. De a poco los ánimos se fueron calmando y todo volvió a la normalidad, aunque el bochorno ya había acontecido. El árbitro, en vez de suspender el combate y decidirlo por las tarjetas de los jueces, decidió continuar con el desarrollo de una pelea que tendría que haber sido suspendida inmediatamente.
La guapeza, la entrega y el corazón de los dos púgiles aguantó hasta el final. Extenuados y agotados continuaron luchando hasta los últimos segundos de una pelea inolvidable. Carrasco, después de recomponerse y ganar el séptimo round, volvió a caer en el octavo y estuvo al borde del nocaut. Pero aguantó de pie y llegó a las tarjetas, en donde se vio ampliamente beneficiado por la insólita decisión de los jueces.
En un inexplicable fallo dividido, dos de las tarjetas dieron como ganador a Carrasco (95,5 a 94,5 y 94 a 93), mientras que la restante decretó un empate en 94,5. Los jurados, en un escandaloso veredicto, dieron por ganador al local y, sin dar vueltas, le robaron descaradamente la pelea a Bonanni, quien tuvo a su merced a Carrasco durante gran parte del combate.
La Federación Argentina de Box debería tomar cartas en el asunto ya que no es la primera vez que esto sucede (no hace falta retroceder tanto en el tiempo ya que en 2010 Aldo Rios [frente al mexicano Saul Carreon] y Andino Vilpan [frente al colombiano José Palma] fueron ampliamente beneficiados por los jurados descaradamente localistas) y lamentablemente no será la última. Tampoco se puede negar que es un bochorno que sacude al boxeo mundial (la inmerecida derrota de Lucas Matthysse frente a Zab Judah es un ejemplo). ¿Pero que derecho pueden tener los dirigentes del boxeo argentino si ellos hacen y dejan que se haga lo mismo que les hacen a los púgiles argentos en el exterior? Para empezar a cambiar una realidad mundialmente evidente hay que empezar por casa y castigar los bochornos locales, para después si poder exigir lo mismo fuera de los límites locales.
Foto: Diario UNO
En la previa se esperaba una pelea abierta, entretenida y vibrante por el estilo de ambos boxeadores. Los dos querían mantener su condición de invicto a toda costa. Y no defraudaron... Desde el primer round se trenzaron en un in fighting que empezó en los primeros segundos del asalto inicial y terminó recién con la campanada del duodécimo.
En el primer asalto cayó Carrasco, en el segundo fue Bonanni quien besó la lona. El Auditorio Angel Bustelo estallaba cada vez que los boxeadores intercambiaban golpes. La pelea continuó siendo de alto voltaje, con un desarrollo incierto que en todo momento pareció rondar el nocaut.
En el sexto round ocurrió el primero de los dos acontecimientos bochornosos que mancharon la pelea del año: Carrasco, quien fue local en su Mendoza natal, sufrió un gran castigo y fue derribado por el boxeador juninense. El Pitbull no daba muestras de poder recuperarse de la golpiza sufrida y el nocaut estaba casi asegurado para el visitante, cuando de repente un intrépido y descarado particular (podría haber sido uno de los hermanos del atrevido boxeador mendocino) se subió al ring e interrumpió la cuenta del árbitro. Inexplicablemente no hubo intervención policial y la escaramuza en el cuadrilátero se agrandó. De a poco los ánimos se fueron calmando y todo volvió a la normalidad, aunque el bochorno ya había acontecido. El árbitro, en vez de suspender el combate y decidirlo por las tarjetas de los jueces, decidió continuar con el desarrollo de una pelea que tendría que haber sido suspendida inmediatamente.
La guapeza, la entrega y el corazón de los dos púgiles aguantó hasta el final. Extenuados y agotados continuaron luchando hasta los últimos segundos de una pelea inolvidable. Carrasco, después de recomponerse y ganar el séptimo round, volvió a caer en el octavo y estuvo al borde del nocaut. Pero aguantó de pie y llegó a las tarjetas, en donde se vio ampliamente beneficiado por la insólita decisión de los jueces.
En un inexplicable fallo dividido, dos de las tarjetas dieron como ganador a Carrasco (95,5 a 94,5 y 94 a 93), mientras que la restante decretó un empate en 94,5. Los jurados, en un escandaloso veredicto, dieron por ganador al local y, sin dar vueltas, le robaron descaradamente la pelea a Bonanni, quien tuvo a su merced a Carrasco durante gran parte del combate.
La Federación Argentina de Box debería tomar cartas en el asunto ya que no es la primera vez que esto sucede (no hace falta retroceder tanto en el tiempo ya que en 2010 Aldo Rios [frente al mexicano Saul Carreon] y Andino Vilpan [frente al colombiano José Palma] fueron ampliamente beneficiados por los jurados descaradamente localistas) y lamentablemente no será la última. Tampoco se puede negar que es un bochorno que sacude al boxeo mundial (la inmerecida derrota de Lucas Matthysse frente a Zab Judah es un ejemplo). ¿Pero que derecho pueden tener los dirigentes del boxeo argentino si ellos hacen y dejan que se haga lo mismo que les hacen a los púgiles argentos en el exterior? Para empezar a cambiar una realidad mundialmente evidente hay que empezar por casa y castigar los bochornos locales, para después si poder exigir lo mismo fuera de los límites locales.
Foto: Diario UNO

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